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Mariana: “El placer es un derecho humano”

Este artículo fue publicado anteriormente en el blog ASS- (Amor, Sexo y Serología), para Imagina Más.


Hace unos meses, Mariana Iacono nos daba unos cuantos consejos para chupar la vagina, la vulva y más allá a una mujer con VIH. “Antes de chupar, tócala toda, por dentro y por fuera. Tómate el batido con ganas,” nos decía en un artículo que se hizo viral.  No fue una ocurrencia repentina. No fue una ocurrencia repentina. Mariana lleva más de una década luchando por el placer como derecho humano de todas las mujeres en general, de las seropositivas en particular.

Efectivamente, en 1999 la Asociación Mundial para la Salud Sexual publicaba su Declaración de los Derechos Sexuales. El texto fue revisado en 2014. Se trata de una lista de dieciséis derechos, de los cuales el séptimo dice así: “El derecho al grado máximo alcanzable de salud, incluyendo la salud sexual que comprende experiencias sexuales placenteras, satisfactorias y seguras.” Placer, satisfacción y seguridad son términos que lxs seropositivxs tenemos que negociar y conquistar continuamente, más aún en el caso de las mujeres.

¿Cuáles son los impedimentos para ello? “De un lado está la censura externa y de otro la interna,” cuenta Mariana. “Hay muchas personas que determinan que lxs seropositivxs deben abstenerse sexualmente.” A día de hoy esto no tienen ningún sentido; no hay base científica que lo recomiende, sólo el miedo heredado de otras épocas en que no se sabía cómo se transmitía el virus y aún no había medicamentos para tratarlo eficazmente. Pero, además de esto, hay una represión aún peor: “La autocensura. Estar por llegar al orgasmo y sentir la frustración de no poder hacer esto sin condón con mi pareja, perdía toda la erotización, me daban ganas de llorar. También cuando no lo cuentas en una relación sexual con un amante puntual, el fantasma del VIH vuelve como barrera al placer.”

Mariana Iacono es una argentina nacida en La Boca (Buenos Aires) y residente en Brasília. Tiene 33 años. Se infectó a los 19 y fue diagnosticada a los 20. Desde entonces inició una larga lucha personal por recuperar su sexualidad. “Pasé 10 años sin sexo oral. Toda mi juventud sin sexo oral, ¿lo imaginas? Pasé un año sin sexo, y otros tantos más hasta redescubrir el placer.”

Mariana es indetectable desde que comenzó el tratamiento, que siempre le funcionó bien. Sigue con la misma medicación con la que empezó hace trece años. Hoy en día, las investigaciones más avanzadas aseguran que uno de los métodos de prevención del VIH más eficaces es lo que en inglés se conoce como TasP: Treatment as Prevention. ¿Qué quiere decir? Que mientras la persona seropositiva se mantenga en tratamiento y con estatus indetectable (es decir, con su carga viral por debajo de lo que los tests pueden detectar), el virus no se transmite. Es más eficaz incluso que el condón. Los estudios aún siguen en marcha, sin que las conclusiones sean definitivas, pero los resultados que tenemos de momento, tras años de estudios, apuntan en esa dirección: nunca se registró un caso de transmisión que viniera de unx paciente indetectable.

El derecho al placer, que suena como un derecho fabuloso, no ha dejado de ser polémico, puesto en tela de juicio incluso por algunos sectores del feminismo. Argumentan que ese derecho en el contexto de una sociedad machista es generalmente usado por el hombre heterosexual para exigir que la mujer se pliegue a las necesidades sexuales de él. Por combatir esto, hoy la tendencia es a enfatizar y defender cada día ese derecho al placer para la mujer. Esto se complica  mucho en el caso de las mujeres seropositivas.

Mariana comparte algunos ejemplos de estas dificultades vividos en propia piel: “Tuve un amante en Nueva York unos meses. Cuando le dije que era seropositiva, me dijo que me pegaría un tiro para matarme.” No me extraña, pienso para mí. Éste es el resultado de leyes obsoletas que son cómplices del estigma.

Lxs seropositivxs no ocultamos nuestro estatus serológico porque queramos secretamente infectar a nadie. Lo ocultamos por miedo a la violencia física, como la que describe Mariana, o emocional, como el sinfín de actitudes estigmatizadoras que pueden surgir en situaciones así. Insisto: sin que haya base científica alguna para afirmar que pusimos a alguien en riesgo. Generalmente, lxs seropositivxs somos muy conscientes de cuidar a nuestras parejas sexuales.

¿De qué quieren hablar hoy las mujeres con VIH?, le pregunto. “Creo que es importante hablar de sexo. De que tengamos sexo con alguien que queramos de verdad, que podemos recibir y hacer sexo oral, de que si tenemos una carga viral indetectable podemos tener sexo sin condón con nuestra pareja. Necesitamos hablar de los miedos de los hombres heterosexuales, porque es una población siempre más difícil de abordar.” Si entre los homosexuales aún reina la desinformación, no me puedo imaginar qué nivel de conocimientos del VIH tienen los hombres heterosexuales. ¿Qué temen los heteros?

“Por ejemplo, un novio nunca me presentó a su madre. También me pidió que no la agregara a Facebook. Estaba angustiado con lo que pensara su madre, su familia. En otra relación sentí que mi suegra estaba a disgusto de que yo estuviera con su hijo por causa del VIH —me decía que mi novio había tenido episodios psicóticos por el diagnóstico. Es un tema bien complicado; el temor del otro a ser discriminado porque su pareja tiene VIH, o porque otras personas piensen que él también puede tener VIH.” Estas reflexiones de Mariana me resultan muy familiares. Antes de contar que era seropositivo, me senté a hablar con mi marido, porque sabía que al hacerme visible yo, también lo implicaba a él. Se cuestionaría su estatus serológico, nuestra relación, nuestra intimidad.

Mariana se define como feminista y en breve retomará su labor como trabajadora social en el sistema educativo argentino. Además, es futbolera e hincha acérrima de Boca Juniors. Tiene una prolongada carrera como activista: es fundadora de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos y de J+LAC Red de Jóvenes con VIH de América Latina. Es miembra (sí, miembra, lo dice ella) de la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH/Sida, ELLA –Encuentro Latinoamericano de Mujeres, Facción Latina y Cultura en Red. Os recomiendo que sigáis estas asociaciones en las redes sociales y en sus respectivas webs, para estar informadxs de cuanto se cuece en el mundo del feminismo y activismo del VIH en América Latina.

Desde que fue diagnosticada con apenas 20 años, Mariana ha pasado por muchas fases: “Luego del diagnóstico entrené en el gym durante diez años levantando mucho peso, tenía miedo a la lipodistrofia y a verme físicamente mal.” Las relaciones seguían siendo difíciles: “Una vez un hombre pasó varios meses detrás de mí para que yo lo aceptara como pareja. Finalmente lo acepté y le dije que tenía VIH. A la segunda cita me dijo que me veía demasiado interesada en él y que sería mejor que no tuviéramos relaciones sexuales para no hacerme daño. Otro novio que tuve en años de relación jamás me hizo sexo oral. Una se pregunta si estos hombres son así nomás o es por el VIH.” No es difícil imaginar el agotamiento de diez años expuesta al miedo ajeno, a la idea de que como eres seropositivx puedes y debes soportar cualquier tipo de comentario discriminatorio porque hemos de entender que los demás nos temen. Pues no. Muy básico, pero a veces hay que recordar que somos humanxs. El miedo, que también es humano, se cura con información y sin prejuicios.

Con su pareja actual, su marido, al fin consiguió acordar, con toda la información en la mano, sus métodos de prevención. Como muchas parejas serodiscordantes, usan TasP. Este avance es una gran victoria, como cuenta Mariana: “La primera vez que tuve sexo sin condón fue con él. Ocurrió tras once años de haber tenido sólo sexo con condón. Imagina, para mí era anormal, fue extraño las primeras veces, una relación extraña con el semen, hasta de incomodidad. Antes del diagnóstico, sólo había tenido sexo sin condón dos veces. Aún no tenía 20 años. Ahora, con ya más de 30, podía volver a tenerlo. Era un mundo nuevo.”